jueves, 29 de mayo de 2008

La habitación mágica

Tuve de niño la farsa que proyectan Thomas y Birgita Carolina en el desván con la pequeña máquina de cine de juguete, trata de un hombre encerrado en una habitación misteriosa al que le pasan diferentes atrocidades: una araña se desliza desde el techo, aparece un ladrón con un cuchillo largo para matarlo, el diablo salta de un arcón y la muerte, en forma de calavera, se bambolea delante de una ventana de persianas anchas.
Rodamos la farsa de manera rápida y eficaz. El trío que lo interpretó era italiano y se llamaba «Los hermanos Bragazzi». Habían actuado en el teatro de revistas China y se habían quedado en el país durante la guerra.
Llegaron al estudio por la mañana temprano. Habíamos sacado algunos trajes de la guardarropía de Sandrews. Góran Strindberg montó cuatro lámparas abiertas con luz directa y les puso papel especial para que no hubiera sombras. Conté la historia y los «Bragazzi» se pusieron a jugar.
Rodamos aquella misma mañana. Mandamos el material inmediatamente al laboratorio. Al día siguiente estaba revelado y copiado. Después Lennart Wallén y yo montamos la pequeña farsa en la sala de montaje de Terrafilm y cuando terminamos llamamos a Lorens Marmstedt y la estrenamos.
Lorens lloró de risa. Después nos invitó a champagne. (Imágenes, pág 133/4)

Es decir que se filmó en 1949, que es cuando hizo Fängelse (Prisión). Luego volvió a utilizar un fragmento en el montaje onírico inicial de «Persona», y nuevamente con un fragmentito de este corto ejemplifica el uso de su máquina de cine de la infancia en el comienzo de la entrevista de 2004 «Bergman y el cine», que es de donde proviene la foto que acompaña este post.

Se trata, por supuesto, de una farsa muda, así que le he agregado una música de fondo que me pareció adecuada: dos minutos de "Karate", del disco Circense (1980) de Egberto Gismonti. Es verdad que es un poco moderna y "limpia" para la farsa, a la que a lo mejor vendría bien un piano desvencijado aporreando acordes, quizás Golliwog's Cakewalk de Debussy pero... tocado por un pianista enloquecido. En fin, puede haber otras variantes; me parece que al conservar el ruido de la máquina y las risas de Birgita Carolina de fondo, tiene un fresco sabor de proyección casera, que va estupendo con su tono.

Que lo disfruten. Desde luego que por mi parte me divierto muchísimo cada vez que lo veo.

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